En noches interminables, me encuentro despierto,
mi mente un torbellino de secretos y dolor.
La oscuridad me envuelve, un manto que me ha cubierto,
y mis pensamientos, como olas, me arrastran al mar de la desesperación.
Mi corazón late con ansiedad, mi respiración es agitada,
la soledad me ahoga, sin encontrar un refugio.
La luna brilla en el cielo, pero no ilumina mi camino,
y yo sigo aquí, velando, sumido en este mar de tristeza y desolación.
En este estado de vela, recuerdo a una dama,
una señorita de sonrisa dulce y ojos bondadosos.
Su presencia es un bálsamo que calma mi mente alterada,
y por un momento, mi corazón encuentra un respiro.
Pero la calma es efímera, y mis pensamientos vuelven,
con más fuerza y más dolor, como una lluvia que no cesa.
Me levanto y camino, por la habitación, sin rumbo,
y en silencio, lloro, dejando escapar parte de mi carga.
Mis lágrimas caen como gotas de lluvia en la noche,
silenciosas, pero con todo el dolor de mi alma.
Y aunque por un momento, la paz me ha visitado,
la oscuridad vuelve, y mi corazón sigue latiendo con desesperación.
En estas noches sin fin, busco un descanso,
un momento de paz, un respiro para mi alma.
Pero los secretos y las cargas, siguen pesando,
y yo sigo aquí, despierto, en esta noche sin fin.
La dama vuelve a mi mente, su sonrisa me sonríe,
y aunque no está aquí, su recuerdo me hace suspirar.
Por un momento, mi corazón late con esperanza,
y creo que puedo encontrar, un poco de paz, un poco de calma.
Pero la noche es cruel, y mi dolor es profundo,
y yo sigo aquí, velando, sin encontrar un consuelo.
Y así, en esta noche, sin fin, sin descanso,
me quedo aquí, despierto, con mi corazón, y mi alma.